La construcción de una central nuclear de potencia puede demorar entre 7 y 10 años, pero los reactores SMR, una vez que la tecnología esté probada y comiencen a fabricarse en forma seriada, con una potencia de entre 70 y 120 megas, podrían demorar entre 2 y 3 años. IMPSA no solo tiene la certificación para la fabricación del recipiente sino que también ha participado en el diseño de los componentes nucleares aprovechando su experiencia en el sector nuclear. Fue proveedora de gran parte del equipamiento pesado de Atucha II y construyó los generadores de vapor para la extensión de vida de Embalse. De hecho, para esa última obra montó una sala limpia en su predio de Godoy Cruz.

La intención era que esa nave nuclear sirviera no solo para los proyectos de Embalse y el CAREM sino también para aportar componentes para las dos centrales de potencia que se habían acordado con China. Sin embargo, el macrismo dio de baja el proyecto Candú, con mayor componente nacional, y el reactor chino Hualong, no solo viene demorado sino que además es una tecnología nueva para Argentina. Por lo tanto, la participación de proveedores locales será más limitada, aunque no nula. “El gran desafío de las autoridades argentinas es establecer reglas claras para que el porcentaje del contenido local sea efectivamente algo que genere valor agregado”, destacó a PáginaI12 Marcelo Cuvertino, jefe de Ingeniería nuclear de Impsa.