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EL ECOLOGISMO HIPOCRITA: UN CABALLO DE TROYA ACTUAL

Por TAM Argento

especial para Intereses Estratégicos Argentinos

 

De mitos, ovillos y cebollas

Por estar interesado en la temática ambiental y creer que los únicos privilegiados en cualquier sociedad deben ser los niños, seguí algunas noticias de la presentación de los representantes de la infancia en la Cumbre sobre la Acción Climática de la ONU realizada hace unos días. Como al resto del mundo, me llamó poderosamente la atención la intervención de Greta Thunberg, una muy joven activista hija y nieta de reconocidos actores suecos. No solo por el tono furioso y el contenido melodramático de su intervención, evidentemente guionada, sino porque a partir de la misma me vino a la mente la repulsiva imagen del sacrificio de niños y jóvenes para aplacar la furia de los dioses que controlaban los elementos naturales que era practicada por algunos pueblos en la antigüedad. Greta Thunberg era aquí la joven ofrenda que el mundo le ofrecía en sacrificio a los gobiernos corruptos que, por mero egoísmo en la defensa de sus estados nacionales, se consumían en el mero consumismo de los recursos que pertenecen a las futuras generaciones, por lo cual en la búsqueda de una satisfacción presente se les negaba el bienestar a los niños del porvenir.

Pero esta niña era más del sacrificio humano de inocencia idealista que se representó, también se trastocó, como la diosa Artemisa, una virgen de carácter recio y sed de venganza, pidiendo sacrificios humanos para aquellos que le arrebatan las piezas de caza, como el de la joven Ifigenia cuando su padre Agamenón, regresando de la guerra de Troya, cazó una cierva dedicada a Artemisa. Como esa diosa griega, también era la encargada de entorpecer los nacimientos y hacer morir a las parturientas impuras, así como sus flechas causaban la muerte de personas que osaban desafiar sus principios y deseos.

La intervención de Greta tiene entretejidos que la respaldan que vale la pena mencionar, y más que mencionarlos desgajarlos como las capas de una cebolla, porque así están armados, como las muñecas mamushkas rusas. Este artículo trata entonces sobre las intersecciones entre ecología, mitología, política, poder real, literatura, injerencia extranjera, soberanía y población que fueron representadas explícitamente en la tragedia griega que resultó la Cumbre Climática en el foro neoyorkino, pero también de las posiciones que están implícitas en las omisiones y cosas no dichas por Greta en ese ámbito. Como en una novela negra, los elementos para resolver el misterio están a la vista, solo hay que reunir las piezas y hacer el ensamble de las mismas en forma correcta.

Yo acuso…

Evocando la carta-artículo del escritor Emile Zola con ese nombre por la cual realiza una denuncia pública sobre un complot que injustamente castigaba al capitán Dreyfus mientras dejaba impune a un comandante allegado al poder, la intervención de Greta pretende ser un alegato mediático para desenmascarar el complot de diversos países a los que se considera como los mayores culpables de acelerar el cambio climático y poner en riesgo el futuro a las generaciones futuras. Por tal motivo, se promovía una demanda judicial contra los Estados de aquellos países que mayor riesgo representaran para los niños actuales y futuros del planeta.

Preparado este escenario, lo esperable hubiera sido que, por orden descendente en su contribución a la supuesta generación de gases contribuyentes al calentamiento global, el top 10 de la lista -a guarismos del 2017- estuviera encabezado por China con 9846 millones de toneladas equivalentes de CO2 (Mt), seguida por EEUU (5273 Mt), India (2469 Mt), Rusia (1691 Mt), Japón (1206 Mt), Alemania (800 Mt), Irán (673 Mt), Arabia Saudita (635 Mt), Corea del Sur (617 Mt) y Canadá (573 Mt).

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Pero ¡Oh sorpresa! La demanda se promueve solo contra Alemania, Argentina, Brasil, Francia y Turquía. De los supuestos 10 mayores contribuyentes al calentamiento planetario, 9 quedan indemnes e impunes, y solo se elije al 6º de este top ten no se sabe bien por que motivo. Tampoco queda claro porqué se elige a Francia (3º contaminante europeo) en vez del Reino Unido (2º en el ranking europeo), así como los casos de Brasil y Turquía por fuera del top ten global, mientras que el de Argentina es directamente inexplicable porque hasta está fuera del top 20 global, y salvo algunos desmontes de bosques en Salta y Santiago del Estero para la expansión de la frontera agrícola y una larga racha perdidosa en la mayor parte de los litigios en tribunales internacionales, su supuesta contribución al cambio climático es muy baja.

Entonces aquí el “J’accuse…!” se revierte: los 5 acusados con pocos o rebuscados motivos serían los Dreyfus de la historia, mientras que China, EEUU, India, Rusia, Japón y Cñía. representan al impune comandante Walsin Esterhazy. Por ende Greta Thunberg y el estudio internacional de abogados que la representa no son el equivalente de Emile Zola, sino del Estado Mayor del Ejército que encubre a los verdaderos culpables de alta traición.

Podríamos especular sobre algunas consideraciones de estrategia política y diplomática para tratar de dilucidar esta llamativa selección, pero tal vez el avance con el pelado de la cebolla sume algunas pistas.

Los amigos de Greta

Quienes han elegido a Greta Thunberg para que los represente ante un foro mundial, y desde qué autoridad moral o política esta niña puede cuestionar las decisiones soberanas de gobiernos electos democráticamente es interesante para comenzar a develar de que se trata todo esto. En principio, veremos quienes son algunos de los amigos que financian y patrocinan a Greta para lograr entender este punto.

Uno de sus financistas es George Soros, con su Open Society mecenas de sobra conocido de causas y gobiernos de buena prensa global, siempre y cuando impliquen un aumento de la globalización y una disminución de la soberanía de los estados nacionales.

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Otro de ellos es Al Gore, frustrado candidato a presidente de los EEUU que logró mejor suerte proponiendo negocios con las cuestiones medioambientales, entre ellas los “bonos de carbono”, es decir, acciones que se comercializan libremente en el mercado para que quien las adquiera pueda contaminar más, con lo cual obviamente las cuotas de emisión del mundo subdesarrollado se adquieren por las firmas industriales del mundo desarrollado, por lo cual los primeros se quedan sin trabajo y desarrollo pero también sin el dinero al tener que usarlo para importar los productos industriales desde los segundos países, una idea brillante (para los países desarrollados, claro está). Barack Obama, Premio Nobel de la Paz y continuador de las mayores intervenciones bélicas de los EEUU en todo el planeta durante su presidencia también está entre los que respaldan a esta niña. Christine Lagarde, amiga de nuestro actual mandatario, también abogó para que esta esclarecida adolescente pudiera frecuentar todo tipo de eventos con la mayor cobertura mediática posible.

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Entre los sponsors también está el estudio internacional de abogados especializados en jugosos juicios medioambientales Hausfeld LLP, que además de promover las demandas a nuestros países lleva las causas del World Wildlife Fund (más conocido como WWF y por el logo de un simpático panda), que también apoya a Greta, una ONG internacional creada por el grupo Bilderberg (un club de las personas más ricas e influyentes del mundo) y que reúne a la ONU, la UICN, la Comisión Europea, la USAID y el Banco Mundial junto a millonarios y poderosos para patrocinar intervenciones medioambientales en países del tercer mundo (me pregunto ¿el primer mundo no tiene problemas ambientales para resolver?), del tipo de los canjes de deuda externa pública impaga por naturaleza (que hace que esta u otras fundaciones asociadas queden bajo control de programas ambientales en los países deudores, los que el estado deudor debe financiar), asi como un lucrativo proceso de certificación ecológica (eco label) de productos agrícolas y pesqueros que muchas veces va en detrimento de las técnicas de producción de las poblaciones locales atentando contra una adecuada rentabilidad de las actividades no certificadas.

La coach personal de Greta en ambientalismo es la activista ecologista alemana Luisa-Marie Neubauer, ligada al europeísta Partido Verde alemán, quien le pone contenido a unas dotes histriónicas en la niña que poco tienen que envidiarle a las de su padre y abuelo. Neubauer colabora en temas ambientales con la OCDE, la asociación para el libre comercio de ideario neoliberal, así como ha sido designada embajadora juvenil por ONE, una ONG global creada por Bono y Bill Gates, su esposa, Bob Geldorf (el actor del mítico film The Wall de Pink Floyd), otros personajes menos conocidos y, de nuevo, George Soros, esta vez para tratar de mitigar la contaminación y la pobreza en el mundo subdesarrollado (faltaría aclarar, como bien señala el economista Erik Reinert en su libro “La globalización de la pobreza”, subdesarrollado por el despojo a los que fueron sometidos por parte de los países desarrollados; y además ¿será que tampoco hay pobres en el Primer Mundo?).

Otras muchas personalidades y organizaciones también apoyan a esta comprometida y bienintencionada niña, algunas de buena fe y otras no tanto, como ya comenzamos a percibirlo.

Cambio climático, sí, pero ¿por culpa del hombre?

Lo que sustenta todo el encendido discurso con el que Greta ha reprendido desafiantemente a nuestros países es el cambio climático por la supuesta causa del hombre, o sea por factores antropogénicos. El factor humano se considera en algunos círculos como clave para determinar la variación hacia arriba de las temperaturas en el hemisferio norte del planeta, del orden de 1,5 a 2 ºC en los últimos 50 años, que en conjunto representa solo el aumento de 1,1 ºC en los últimos 140 años. En el hemisferio sur del planeta la variación ha sido mucho menor, de unos 0,5 ºC de incremento en los últimos 50 años, y de hecho muchas áreas de esta parte del orbe la temperatura promedio ha descendido 1 ºC o más en ese lapso.

Estas pequeñas variaciones del clima han ocurrido cíclicamente a lo largo de la historia de nuestro planeta -referimos el periodo cálido medieval entre los siglos X y XIV o la llamada Pequeña Edad del Hielo entre este último y mediados del XIX- y bien pueden deberse a una multiplicidad de causas naturales como lo cree una buena parte de la comunidad científica, pero contra toda evidencia, y basándose en modelos que toman como parámetro de comparación a la época preindustrial -es decir, mientras se vivía un periodo naturalmente frío-, otra parte de la comunidad científica usualmente patrocinada por los mismos que lo hicieron con Greta insisten en que dicho aumento de las temperaturas medias se deben a factores antropogénicos, y en especial a la industrialización, lo que provoca mayores emisiones de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, gas que provoca el efecto invernadero y deforestación (con una contribución de entre la décima y la cuarta parte a ese efecto, mayormente provocado por la natural existencia de vapor de agua atmosférico), así como por el aumento del metano (entre la vigésima y la décima parte de la contribución), este último frecuentemente atribuido a la mera existencia de mayor número de ejemplares de ganado rumiante, esas pobres vacas que son el objeto de furia de los veganos como Greta, animales que suelen expeler mayores cantidades de ese gas. Según un informe de la EPA estadounidense, desde 1750 la concentración atmosférica de estos gases aumentó un 36% para el dióxido de carbono y un 148% para el metano, cifras que resultan esperables si tenemos presente que en 1750 había mucho CO2 retenido en hielo, y el ganado, plantas putrefactas y biomasa fermentada que liberan metano estaban presentes en mucha menor cantidad no solo por cuestiones de cría y consumo sino también por razones naturales ligadas a las menores temperaturas de por entonces.

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Si bien desde hace unas dos décadas el nivel de concentración de dióxido de carbono se estabilizó en unas 400 ppm (partes por millón en volumen de aire) de las 280 ppm de la época preindustrial, presuntamente por una mayor eficiencia natural en el proceso de fotosíntesis de las plantas, que han multiplicado tanto su crecimiento en superficie terrestre ocupada como en porte favorecidas por la mayor presencia de ese gas en la atmósfera, del cual extraen el carbono que necesitan para alimentarse mientras liberan oxígeno como residuo de ese proceso. Aunque este hecho refuta la teoría de la deforestación natural por efecto invernadero de estos ambientalistas, igualmente éstos lo consideran catastrófico porque aseguran que un aumento de 4 ºC de temperatura media respecto a la era preindustrial -o sea cuadruplicar el incremento desde 1880 a hoy- provocará un aumento del nivel del mar de 1 a 4 m, aunque esa variación resultaría gradual, y todavía agregan toda una serie de consecuencias ambientales adversas a pesar de que pocas de ellas en el peor de los casos serían muy distintas a las ya vividas en el medioevo.

Es claro que lo que se busca partiendo de niveles de comparación tan bajos es un imposible, que es la desaparición de las sociedades industrializadas y el congelamiento del grado de desarrollo de las no industrializadas, y no un desarrollo ambientalmente responsable, el que inevitablemente requiere aceptar niveles de emisión más cercanos a los actuales, o lo que es lo mismo, metas de reducción de emisiones menos ambiciosas, sobre todo para los países con desarrollo incompleto, como lo es el nuestro. Aceptar metas de reducción similares a la de los países industrilizados es condenarnos al subdesarrollo y a perpetuar las crisis económicas y sociales que sufren nuestros pueblos, tanto como lo sería una industrialización salvaje y predatoria como la que es típica en el capitalismo sin control.

Pero más allá de esa cuestión, de ninguna manera está comprobado que la acción humana, que sí es responsable de hechos deplorables de contaminación ambiental, también lo sea de cuestiones en las cuales su impacto todavía es incapaz de trascender variaciones negativas de impacto local, como la desecación del mar Aral, o la deforestación de algunas áreas de bosques naturales. Por el contrario, la mayor parte de las intervenciones de gran escala sobre el paisaje han resultado en la generación de condiciones climáticas locales más adecuadas para la vida y el desarrollo, como lo demuestran los casos de transformación de áreas desérticas en cultivables en Israel, como en Mendoza o el Alto Valle del Río Negro en Argentina, así como tantos otros proyectos por todo el mundo en este sentido, incluyendo otros -como la amplia reforestación realizada por los chinos- cuyos impactos resultan positivos.

¿Y por qué se considera entonces al ser humano como responsable de este fenómeno? Es lo que intentaré desarrollar en el próximo punto.

El malthusianismo disfrazado de verde

Durante los albores de la Iº Revolución Industrial, un clérigo ingles llamado Thomas Malthus escribe en 1798 la obra “Ensayo sobre el principio de población”, en la cual sostiene que mientras el ritmo de crecimiento de la población se incrementaba a razón geométrica, el de los recursos para su subsistencia lo hacía a razón aritmética, lo que lo llevó a predecir para el año 1880 una fuerte pauperización de la especie humana, siempre que para entonces la misma fuera capaz de evitar su extinción por causa del hambre.  Malthus proponía como solución aplicar un control de la natalidad y confiaba en que los factores de regulación natural (guerras y epidemias) retardarían la llegada de una crisis total de alimentación.

No hubo que esperar a que la misma realidad lo desmintiera en 1880 para notar que su teoría era errónea y mal fundamentada, autores como Marx o Kropotkin lo demostraron desde la teoría y la casuística desde antes que esa fecha, pero a pesar de errarle por mucho los principios generales de su teoría siguieron vigentes en determinados sectores de las elites oligárquicas y de sus acólitos hasta nuestros días, y por ello no es extraño reconocerlos tanto en los papers de organismos internacionales, gobiernos, académicos, e incluso en las charlas de vecinas en la verdulería. Nuestra pequeña Greta tal vez sin tener mucha conciencia ha adoptado los principios de Malthus por su militancia bajo los conceptos de la “Ecología Profunda” del filósofo y activista noruego Arne Naess, movimiento nacido recientemente pero profundamente inspirado en los trabajos del Club de Roma, en especial de su informe de corte neomalthusiano “Los límites al crecimiento” de 1972, actualizado por otro denominado “2052: Una proyección para los próximos 40 años”, de donde deriva la agenda que Greta y sus mentores han expresado en esta Cumbre y en todos los ámbitos en los que se desempeñan, que no son pocos, y por lo general son bastante influyentes, agenda plagada de alarmantes profecías neomalthusianas que los mismos hechos de la realidad una vez más se encargan de desmentir, siempre y cuando algunos -muchos- gobiernos de ideal malthusiano no se encarguen con sus decisiones políticas de hacer autocumplir tales vaticinios (¿será que para ellos más que pronósticos y augurios estas profecías se consideran como planes de gobierno?).

La Ecología Profunda sostiene en sus principios que el Hombre no debe tener la primacía en el mundo natural, y que todos los seres vivos, sean humanos o no, tienen el mismo valor intrínseco. Por ende, el ser humano solo debe tomar de la naturaleza lo que le sea imprescindible para su mínima existencia afectándola lo menos posible, y dado que su sola presencia afecta a la vida no-humana, es deseable un descenso sustancial de la población humana. Como actualmente la intervención humana en el mundo no-humano es excesiva y está empeorando drásticamente, el florecimiento de la vida no-humana necesita que la reducción de la población humana se realice rápida y drásticamente, junto con un cambio de filosofía que no debe estar centrado en mejorar el estándar de vida, sino en apreciar la calidad de la vida natural sirviéndose lo menos posible de ella. En este punto esta propuesta metafísica y anticientífica se acerca a la de la Gaia de Lovelock, en la que el hombre forma un todo planetario consciente al mismo nivel con animales, plantas y elementos inertes como los minerales, parecido al del planeta del film Avatar (Hollywood siempre bajando línea), pero reconoce también a otros antecedentes en igual sentido no-antropocéntrico que no tiene sentido desarrollar ahora.

Queda para el lector pensar si su condición humana es equiparable en valoración a la de un simio, un hámster, una mosca, un cardo o una piedra, pero para un humanista que ama y respeta a la naturaleza como quien esto escribe ese concepto es inaceptable, pues la dignidad de la condición humana está fuera de toda discusión, dado que ella es la fuente de la Justicia Social y de la Ética necesaria para el mismo reconocimiento del mundo como casa común de los seres humanos y no-humanos, condición de la cual ni  Naess ni Lovelock pueden abjurar a pesar de su no tan velado desprecio por el ser humano, y mucho menos atribuir a otros seres no-humanos.

Sobre esta base de antihumanismo se basa este ecologismo terrorista, buscando por todos los medios posibles de ingeniería social, económica y política reducir a su mínima expresión a la población humana, deshaciéndose -tal como pretendía Malthus- de la población más empobrecida por las mismas circunstancias políticas que generan la pobreza, cuando la solución, por el contrario, sería eliminar las causas de tal pobreza; pero es claro que eso implicaría repartir una buena parte de la riqueza, cuestión que los malthusianos -por lo general gente rica o que pretende serlo- obviamente rechaza.

Niños del Mundo ¡Uníos!

Greta habla en nombre de los niños del mundo, pero falta explicar en su discurso cuasi guionado por qué su reclamo se centra en aquellos países que han reconocido, suscripto y ratificado la Convención Internacional de los Derechos del Niño y no menciona que para que esos derechos sean posibles de ser garantizados jurídicamente lo mismo deberían hacer otros países como los EEUU -que lo ha firmado tardíamente pero nunca ratificado, tal vez porque hasta el 2005 consideraba constitucional la condena de niños a muerte- o la India, que solo cuenta con una simple adhesión. Claro que ello implicaría reconocer la potestad de los sistemas jurídicos nacionales a cuidar el bienestar de sus ciudadanos, y pareciera que esa no sería la idea de sus amigos y mentores.

Greta tampoco tuvo empacho en dirigirse a la Cumbre navegando en el velero del Príncipe de Mónaco, pese a que ese principado es un simple adherente a la Convención, lo cual implica no obligar a internalizar sus principios en su sistema judicial, y aunque no pensemos que los niños de Mónaco corran mayores peligros o maltratos que los de Cabo Verde, Guinea, Malasia o Uzbekistán, sería un buen gesto en favor de los derechos infantiles del resto del mundo, tal vez más importante que el de facilitar el uso un buque a vela para evitar la mínima contaminación ambiental de las turbinas de un avión que se tendría que haber utilizado para el viaje de una niña poco pesada como Greta a la Cumbre climática de la ONU. Seguramente mucho mayor habrá sido la huella de carbono que se ha generado para producir los recursos necesarios para un viaje de varios días de Greta y la tripulación en un velero, incluyendo al camarógrafo y sus equipos destinados a promocionar tal heroica odisea oceánica allende las Columnas de Hércules que muchos niños refugiados africanos diariamente tratan de traspasar navegando en botes precarios y sobrecargados.

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El llamamiento es claro: Niños del Mundo ¡Uníos!, pero solo para reclamar sus derechos a los países que ya los reconocen, no a los demás, no importa que casi la tercera parte de los niños del planeta que habitan los países en donde la Convención no obliga a sus sistemas legales estén jurídicamente desprotegidos del cambio climático, la contaminación ambiental, las condiciones de vida paupérrimas, la explotación infantil o del hambre.

Se responde a una concepción de la ecología en la cual la vida humana es un virus pernicioso para planeta, por lo cual su proliferación debe ser detenida, y para ello hay que recurrir a soluciones malthusianas basadas en medidas de disminución de la población, claro que siempre que esa disminución sea realizada sobre las poblaciones pobres.

Entonces la omisión en el discurso que antes señalamos se comienza a comprender en cuanto se nota que los países en donde la Convención no ha sido ratificada comprenden grandes poblaciones de niños y adolescentes en condiciones de pobreza con tasas de natalidad muy inferiores a las que tenían hace unas décadas, o bien, en países en los cuales el control de la natalidad y la ingeniería social funcionan a toda máquina. Pero también cobra sentido el reproche de los mentores de Greta repetidos por esta niña, ya que, a pesar de no tener los índices de natalidad de los países subdesarrollados, Francia aún sigue siendo el país más fecundo de Europa occidental, y Alemania ha aumentado su tasa de fertilidad en los últimos años, y por el mayor componente migratorio se espera que en ambos esas tasas sean mayores en las próximas décadas.

Para contextualizar esta obsesión vale recordar que la ONU en su informe sobre Perspectivas de la Población Mundial de junio de este año ha señalado que los actuales 7.700 millones de habitantes del planeta serán 9.700 millones en 2050, para llegar luego a los 11.000 millones a fin del siglo, tras lo cual comenzaría un ciclo de disminución progresiva. En este informe se prevé que la tasa global de fecundidad, que bajó de 3,2 nacimientos por mujer en 1990 a 2,5 en 2019, disminuya aún más, alcanzando 2,2 nacimientos por mujer en 2050, o sea apenas por encima de la tasa de reemplazo generacional (2,1 nacimientos por mujer), lo que ya confirma la reversión de la tendencia a las elevadas tasas de crecimiento demográfico mundial experimentadas en los tres últimos siglos de la mano de los avances científicos y mejora de las condiciones de vida que alcanzara en 1968 su máximo histórico, ya que a partir de entonces decrece a causa de la aplicación masiva de métodos anticonceptivos y abortivos por los cambios en la estructura social, sobre todo con la mujer buscando horizontes propios por fuera del hogar (no lo llamo “liberación femenina” porque solo ha cambiado la explotación hogareña por la explotación laboral externa, cuando no ha sumado ambas), lo cual complica su rol materno, sobre todo cuando ambos padres deben trabajar para lograr los mínimos ingresos que les posibiliten soportar los mayores gastos familiares propios de las sociedades más tecnificadas, siendo que los salarios medios han decrecido por la mayor cantidad de demandantes de trabajo al incorporarse masivamente la mujer al mercado laboral, produciendo el fenómeno al que Marx denominaba como la activación del ejército industrial de reserva con esa finalidad de mayor explotación de los asalariados.

La perspectiva neoliberal del terrorismo ecologista

Fiel a un concepto de Estado devaluado tras el Consenso de Washington, que intenta imponer la decisión de organismos multilaterales, ONG, o conglomerados empresarios trasnacionales sobre las soberanías nacionales, el ecologismo que pretenden los mentores de Greta procura desconocer la potestad de los estados nacionales y de sus pueblos sobre el manejo de su territorio, poniendo esta cuestión dentro de la esfera de la internacionalización globalizadora con la intención de realizar la intervención de ONG trasnacionales en la gestión territorial directa de acuerdo a los parámetros establecidos desde distintos organismos multilaterales, empresas y gobiernos extranjeros, siempre bajo sus intereses y no los de los gobiernos y poblaciones locales.

Si las catástrofes naturales o el ahogo económico y financiero no son suficientes para doblegar la voluntad de los gobiernos de los países que geopolíticamente interesan a las potencias para introducir su ayuda mediante ONG, organismos multilaterales,  consultoras y conglomerados empresariales, siempre queda a mano el recurso de una velada intervención esas potencias occidentales y sus aliados en los estados nacionales insumisos apoyando a terroristas y bandas criminales para poder autocumplir la profecía de violencia apocalíptica de las Nuevas Guerras de Mary Kaldor, lo que traducido a la doctrina militar estadounidense y de la OTAN constituyen las Nuevas Amenazas a la Seguridad que justifican posteriores intervenciones directas de sus fuerzas armadas uniformadas o de los ejércitos privados de contratistas que responden a las mismas, apoyando a las empresas de “reconstrucción” de los destrozos realizados por estas fuerzas, reconstrucción que se paga con los mismos recursos del país invadido, resultando así una nueva y macabra forma de expoliación.

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El supuesto interés ecologista de esos países en los nuestros se constituye así como otra herramienta de avanzada en la destrucción de los estados nacionales, la apertura de fronteras y eliminación de barreras para la gestión directa de los territorios y expoliación de recursos del Tercer Mundo, y por ello las crisis humanitarias, las cuestiones medioambientales, o las insuficiencias de los gobiernos locales para atender sus necesidades constituyen elementos que justifican la intervención directa o indirecta de las potencias según su doctrina de las Nuevas Amenazas a la Seguridad.

Por lo pronto es una batalla cultural, pero con todo el potencial para devenir en una agresión externa directa o indirecta sobre la soberanía nacional de los países de la parte menos desarrollada del mundo.

Razones para rechazar al Caballo de Troya

Como en toda batalla cultural, deben aclararse estas cuestiones para no aceptar argumentos que resultan Caballos de Troya favorables a otros intereses o -como señalaba Lacan- regalos envenenados, esos que tras una aparente buena fe solo producen daño a quien los recibe. El falso ecologismo es claramente un regalo envenenado que busca mantener a nuestras naciones fuera de las posibilidades de desarrollo de la que gozan otros países, dejarnos sumidos en el rol de exportadores de materias primas y meros guardianes de reservas ambientales prístinas para que en su momento sean explotadas como fuente de recursos naturales o turísticos por multinacionales de esos países, externalizando nuevamente recursos para el desarrollo que deberían utilizarse aquí para el bienestar de nuestros pueblos. Como bien lo ha definido García Linera, vicepresidente boliviano, en su libro “Geopolítica de la Amazonía”, este tipo de ecologismo dominante no es más que un nuevo colonialismo, ya que horrorizados nos impiden a nosotros hacer aunque sea una parte de todo lo que ellos hacen con total desparpajo.

El medio ambiente es fuente de jugosos negocios en un mundo en el que cualquier cosa -hasta la propia vida humana- es una mera mercancía, y por lo tanto debe desacralizarse la cuestión ambiental para ponerla en el tapete como un escenario en el cual se toman -y se deben tomar- decisiones políticas por parte de cada uno de los estados nacionales destinadas al bienestar de sus pueblos, incluyendo un medio ambiente sano, salvaguardando por la práctica de adecuadas, libres y justas relaciones internacionales los derechos y bienestar de los demás pueblos de nuestro planeta.

Finalmente, y por sobre todo, no puede aceptarse como concepto bajo ninguna circunstancia que la existencia de un ser humano valga lo mismo que la de un animal, un insecto o una planta, ni aceptar por ello la ingeniería social que busca la disminución de población, en especial la pobre, que es la base ideológica sobre la cual está construido el ambientalismo que proponen quienes han patrocinado y guionado el alegato mundial de Greta Thunberg, una adolescente que seguramente aún desconoce mucho de lo que aquí se cuenta sobre las reales intenciones de sus mentores. Ya entenderá que -como en la antigüedad- los sacrificios humanos no estaban destinados a aplacar la furia de los dioses, sino a mantener el poder terrenal de los gobernantes y sacerdotes que los promovían.

Considero que en líneas generales ha quedado claro en que consiste el verdadero regalo envenenado que quienes nos consideramos humanistas debemos rechazar.

Saludos. Ernesto

 

4 Comentarios en EL ECOLOGISMO HIPOCRITA: UN CABALLO DE TROYA ACTUAL

  1. Estimado Ernesto; creo haber leído dos veces este trabajo y creo debo leerlo dos veces más, por lo intenso y extenso. Demás está decirte, que como cualquier ciudadano de a pie, vi que la piba estaba sobrea ctuando, no obstante nobleza obliga, no tenía puta idea de cuantos intereses había detrás de todo este show de ricos para ricos garpado por pobres.

    Un gran abrazo

    • Hola Marcelo, la nota es un resumen de cuestiones que dan para un libro si tuvieran que ser desarrolladas como se merecen, ya solamente la cuestión misma sobre el carácter antropogénico del cambio climático está dando debates en la comunidad científica desde hace años con varios ríos de tinta corriendo de un lado a otro, así que en los tristes y escasos párrafos en los que aquí me he referido a ese tema -como en todo lo demás- he tratado de condensar en pocas palabras cuestiones que son individualmente mucho más profundas, y por eso lo desordenado y hasta oscuro del texto.

      Pero, pese a todo lo anterior, creo que era necesario hacerlo de esa forma para poder relacionar algunas piezas de este rompecabezas y comenzar a tener una imagen general de en que consiste esta cuestión, y que implicancias puede tener para los asuntos que tratamos en este blog.

      Respecto a Greta, considero que es una víctima más de este circo, estoy convencido de que ella cree firmemente en la causa que defiende pero que no puede ver todo el entramado que hay detrás. Como señala Diego, tiene una afección que puede explicar alguna de sus reacciones en cuanto a intensificar las inflexiones de su discurso, creo que eso no es lo sobreactuado, sino que lo que si me parece guionado es una parte del contenido emotivo y empatico de su discurso que no es lo típicamente esperable en personas que sufren dicho trastorno, justamente caracterizado por la falta de empatía, aunque no me parece que eso sea determinante para validar o refutar lo que se dijo, que es lo que importa.

      Como ya lo dije, me parece que exponer a los pibes a que sean el mascarón de proa de asuntos de grandes es sacrificarlos socialmente para único beneficio de los mayores, y esa es una actitud que me parece repudiable, tanto como la del programa oculto tras estas supuestas buenas intenciones. Pero si lamentablemente Greta ha sido el catalizador que ha posibilitado este circo, hay que referirse a ella en su función de símbolo para mostrar el montaje, aunque fuera de ello me gustaría destacar la nobleza en el idealismo de esta niña que está siendo usada por los adultos, como el de muchos otros niños, adolescentes y jóvenes a los que le sucede lo mismo, en esta y en otras temáticas políticas. Realmente no estoy de acuerdo en que los niños y adolescentes sean expuestos en estas cuestiones, tanto como lo estoy de que se pretenda que llevan la voz cantante de una visión y una verdad que los adultos somos incapaces de ver, eso es falso porque ni Greta ni ninguno de los pibes que hablaron ha dicho nada novedoso en este tema sino que solo se han limitado a repetir consignas como si ello fuera un mantra. Aquí no hubo una visión desde los pibes, sino una proyección en ellos de la opinión de los adultos inculcada en ellos, y ese uso del cuerpo e imagen simbólica de los pibes como marionetas me resulta indignante.

      En fin, Greta no es el problema en todo esto, sino toda la trama que está detrás de ella, pero como en el psicoanálisis, hay que partir del símbolo para llegar al síntoma.

      Un abrazo. Ernesto

  2. Una observación, la chica tiene síndrome de Asperger. Lo aclaro porque muchos medios, de esa derecha tan reaccionaria que decimos que la apoyan, utilizan esa condición para atacarla con ferocidad. Y eso siempre es una canallada.

    Saludos

    • Hola Diego, como lo dije en la respuesta a Marcelo la afección de Greta no creo que sea una cuestión que tengamos que poner en debate, pues ella no es obstáculo para que pueda desarrollar un pensamiento sobre el tema tan válida como la de cualquiera de los demás, y en algunos casos hasta más profunda, porque debes saber que una de las características del SA es la concentración casi obsesiva que logran sobre aquellos asuntos que les interesan, los que muchas veces lleva a que se desarrollen en las mismas en un grado mucho más avanzado que el promedio de los que no tienen ese síndrome.

      Por eso acá no hay que caer en la falacia de poner en cuestión las características personales de aquel que dice, sino tratar de enfocar sobre lo que se dice, aunque en este caso, en donde el símbolo, el significante en términos lingüísticos, es tan fuerte por todo lo que representa -una pura niña nórdica de familia acomodada con Asperger pero aún así luchadora y preocupada por el legado a sus congéneres futuros-, que para llegar a desentrañar el significado antes hay que abordar al símbolo. Si Greta se usa como mascarón de proa, sacrificio o escudo humano para cubrir la maniobra de sus mentores, hay que sacarla de ese lugar de distracción y ponerla como eje para mostrar todo lo que está girando alrededor de su figura, que poco y nada tiene que ver con lo que se quiere simbolizar, que de limpio y puro tiene poco y nada. como tampoco lo tiene recordar con el nombre de Asperger a ese trastorno cuando ese pediatra nazi lo que buscaba con su diagnóstico era aplicar la eutanasia sobre los niños afectados por este síndrome.

      Insisto, lo importante aquí no es Greta aunque su figura sea el envase que impide ver el contenido, lo grave aquí es la utilización de un fenómeno ambiental para justificar la expansión del neoliberalismo y el intervencionismo de las potencias dominantes sobre nuestros países, sumado esto a la agenda de ingeniería social malthusiana que grupos de poder real quieren imponer a partir de su influencia sobre gobiernos y organismos internacionales. Nada de esto puede resultar una buena noticia para nosotros, y aunque dicho así de golpe suene a delirio paranoide, lamentablemente es algo que está sucediendo en nuestro mundo real, basta con leer atentamente los papers de esos organismos o de gobiernos como los de EEUU o la Comisión Europea para comprobarlo, y por tal razón creo que es un tema de profundo alcance estratégico que merecería una mayor atención de nuestra clase política en vez de que se la pase repitiendo clichés promocionados en esos papers sin saber que es lo que implican ni de que se tratan.

      Saludos. Ernesto

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