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Propuestas para una buena Ciudadanía

Por Diego T3

En diciembre del 2015 concluyó un período, ininterrumpido, de 12 años de un gobierno que, para América Latina, catalogaríamos como progresista. Ese tiempo tuvo luces y sombras, avances y retrocesos. Se dieron etapas de prosperidad con períodos de crisis, con una tensión permanente, producto de una constante puja distributiva. Fue, esencialmente, un período complejo, pero se puede afirmar que los argentinos, en general, mejoramos nuestra calidad de vida y expandimos nuestros derechos.
A pocas semanas de las elecciones, y con un probable cambio de gobierno, las expectativas, de una parte importante de la población, de mejorar su situación son altas. Pero, y esta es nuestra premisa, no enumerar nuestras esperanzas, si no fijar nuestros compromisos. Es una propuestas para no repetir errores y ser mejores de lo que fuimos.

 

El 20 Enero 1961, John F. Kennedy pronunció el día de su investidura como trigésimo quinto Presidente de los Estados Unidos, uno de los grandes discursos de la historia de la Humanidad. Demostrando una oratoria sublime, nos quedara el “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país.”

Esta frase, pronunciada hace casi 60 años, no ha perdido su vigencia. En estas décadas hemos visto como se han perdido, y recuperado, democracias. Como se derrumbaron sistemas totalitarios y dictadores. Pero, también, como sociedades donde se pensaba que, el parlamentarismo y los valores democráticos estaban firmemente establecidos, han sido puestas entredicho por el mismo voto popular, eligiendo representantes que, abiertamente, reniegan de ellos, llegando al gobierno con discursos de odio, xenofobia e intolerancia. Aunque cada caso tiene sus particularidades, la causa común para estas elecciones, se halla en el desencanto de buena parte de la ciudadanía en sus dirigentes y sistemas políticos, los cuales no pueden resolver los problemas complejos, de las sociedades modernas. Esto da lugar a que dirigentes hayan utilizado, con éxito, un discurso agresivo, pero que propone soluciones, en apariencia simples, a problemáticas difíciles, que generan zozobra en amplios sectores de la sociedad.

Pero esto es posible, esencialmente, porque se nos ha disfumado cual es el concepto de ciudadanía, limitándola solo a un conjunto de derechos y obligaciones, que no siempre ejercemos o cumplimos con la responsabilidad que se requiere.

Cualquier sociedad, que se precie de civilizada, está constituida por personas que son consientes que, no alcanza con el simple cumplimiento de sus responsabilidades y el ejercicio de sus derechos, para ser buenos ciudadanos. Son condiciones necesarias, pero no siempre suficientes, para que una sociedad persiga objetivos comunes y alcancen el bienestar general. Pero, para alcanzar este bienestar, la ciudadanía debe actuar como una comunidad organizada, partiendo de actitudes individuales, que generan acciones colectivas.

Con esta idea, buscamos proponer las acciones y actitudes necesarias para ejercicio saludable de la ciudadanía para cumplir, con la mayor eficacia, de nuestras obligaciones y disfrutar, con la mayor plenitud, de nuestros derechos.

El buen ciudadano es un ser político.

No existe un ciudadano apolítico, porque el mismo hecho de no participar en política, es un acto de esa naturaleza. La militancia, en un partido u organización, solo es una forma de ejercer la política, pero no la única. Decimos que el buen ciudadano es un ser político, por el hecho de ser una persona de pensamiento, de debate y de acción. De pensamiento, porque sus ideas políticas deben surgir del razonamiento, de la observación y análisis objetivo de los hechos, y que no debe guiarse por las pasiones y los prejuicios. De debate, porque puede someter sus ideas al escrutinio, propio y ajeno, con respeto y honestidad. No quiere, ni debe, imponer sus ideas, si no que escucha las ideas y opiniones de los demás, ya sea para afianzar, ampliar o corregir las propias, siempre en un diálogo abierto y democrático, sin caer en provocaciones ni recurrir a la violencia. De acción, porque es consecuente con sus ideas, y sus actos, desde los mas simples al los trascendentales, están guiados por sus convicciones. El buen ciudadano no se queda con la queja o la opinión, si no que actúa sobre las necesidades concretas de su comunidad.

El buen ciudadano es un actor económico.

Cada uno debe producir, como mínimo, lo que consume, rezaba una de las 20 verdades peronistas. Esto, muchas veces, es difícil de ponderar. Pero si es esperable que un buen ciudadano ponga su mejor empeño, dedicación y conocimiento en sus tareas, que haga su mejor esfuerzo para con su trabajo, utilizando, con la mayor eficiencia y eficacia, los recursos materiales y el tiempo disponible para ello, y con la menor generación de residuos y desperdicio posibles. Desde las tareas más simples a los emprendimientos más complejos, las realiza con el mayor profesionalismo. Y para ello, preocupa en ampliar en su capacitación y conocimiento. El buen ciudadano sabe, y sabe hacer. Y lo hace no por el simple hecho de obtener méritos y reconocimiento, lo cual es loable, o para obtener un beneficio económico, que también importa, si no para el progreso de su comunidad y el bien general. En lo monetario, utiliza el dinero con responsabilidad, no gastando por encima de sus posibilidades y priorizando según sus necesidades, empleándolo con eficiencia.

El buen ciudadano tiene sensibilidad social.

Las miserias del mundo están ahí, y sólo hay dos modos de reaccionar ante ellas: o entender que uno no tiene la culpa y por tanto encogerse de hombros y decir que no está en sus manos remediarlo —y esto es cierto—, o bien asumir que, aun cuando no está en nuestras manos resolverlo, hay que comportarnos como si así lo fuera” nos decía José Saramago, cuando nos hablaba de la pobreza material, y también, de la espiritual, que padece buena parte de la Humanidad. El buen ciudadano se preocupa, y ocupa, por el bienestar de su comunidad, y lo hace ayudando al mas necesitado, al pobre, al anciano, al discapacitado, al niño, a las personas expuestas a la violencia. Y lo hace en base a sus posibilidades, reclamando o denunciando ante las autoridades e instituciones, aportando su esfuerzo y recursos personales, que lo hará desinteresadamente, pero sin comprometer el bienestar propio y de los suyos. El buen ciudadano entiende que el progreso personal, sin el desarrollo y bienestar de la comunidad, solo produce egoísmo y un individualismo vacío. También se ocupa por el cuidado del Medio Ambiente, utilizando los recursos, en especial los energéticos, de forma responsable, generando la menor cantidad de residuos posible, reutilizando donde sea factible y disponiendo de los mismos de forma adecuada. La comunidad se desarrolla en un hábitat que debe ser preservado para las generaciones actuales y futuras, y que su utilización debe orientarse a tal fin.

El buen ciudadano observa la ley.

El cumplimiento y observancia de las reglas de convivencia, desde las Leyes y Códigos, hasta las ordenanzas y normas de tránsito, se hacen no por el temor al castigo, si no porque su cumplimiento hacen a la armonía de las sociedad en su conjunto. El buen ciudadano es recto en el ejercicio de su derecho, en el cumplimiento de sus obligaciones y en el buen trato a los demás, porque es lo que exige para sí. Emite con responsabilidad su voto y cumple con sus obligaciones cívicas. Ningún ciudadano será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe. Respeta a las autoridades electas y cumple con las indicaciones de los funcionarios, judiciales y de fuerzas de seguridad, pero exige que los mismos observen sus obligaciones, respeten los derechos e integridad de los ciudadanos, denunciándolos cuando falten a los deberes que les impongan sus investiduras.

 

El buen ciudadano es una persona moral.

Los actos del ciudadano se deben regir por una ética, por valores y creencias, que regulan su comportamiento y le permiten vivir en sociedad. Pero esa ética debe surgir de sus convicciones y los actos, que no violen ninguna ley ni interfieran con la integridad y libertad de los demás miembros de su comunidad, solo deben estar librados al juicio de su conciencia. Y respeta las creencias y convicciones de los demás, como las exige para las propias. Todo ciudadano tiene el derecho de vivir su vida y ejercer su libertad de la forma que le dicte su conciencia, siempre que no interfiera con los derechos y libertades de otras personas y respete las convicciones de los demás. El buen ciudadano no celebra la agresividad y evitará la violencia, pero no dudará en ejercer la defensa de su integridad y sus derechos, de manera responsable y con firmeza, empleando todos los medios a su alcance.

 

Fuentes:

https://discursosparalahistoria.wordpress.com/2010/01/25/discurso-inaugural-john-f-kennedy/

https://www. cursoporcompetencias.wordpress.com/2009/12/15/decalogo-del-buen-ciudadano/

https://tusbuenasnoticias.com/reflexiones-del-lector/decalogo-del-buen-ciudadano/

https://es.wikipedia.org/wiki/Veinte_Verdades_Peronistas

https://es.wikipedia.org/wiki/Tecnolog%C3%ADa_social

https://es.wikipedia.org/wiki/Innovaci%C3%B3n_social

https://es.wikipedia.org/wiki/Emprendimiento_social

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3 Comentarios en Propuestas para una buena Ciudadanía

  1. Tema complejo el de la ciudadanía mi estimado Diego, pues no solo parte desde un compromiso personal con lo que se supone es bueno para la sociedad, sino que en el seno de esta se define -en virtud de relaciones de poder- que significa ser buen o mal ciudadano, con las pautas de conducta que ello conlleva. Mientras algún grupo de poder mantiene cierta hegemonía las cosas van más o menos claras, se define claramente cuales son las acciones buenas para la sociedad así como las indeseables, siendo las primeras aquellas que no ponen en riesgo los intereses de la clase dominante y si los ponen en el segundo caso.

    Ahora bien, la cuestión se complica en cuanto no hay un solo grupo que pueda detentar la hegemonía y el control sobre la sociedad está en disputa, ahí la cuestión de lo que es ser un buen o mal ciudadano ya no es tan clara. Ejemplos de esto en la vida real sobran: la idea de lo que representaba un buen ciudadano en la Argentina de 1850 respecto a 1853, o de 1954 con 1955, o de 1974 con 1976 o 1985 variaba sustancialmente; podemos ver hoy como Venezuela o Nicaragua se debaten entre dos modelos bien diferentes de lo que significa ser un buen ciudadano; lo mismo en la Cuba de Batista respecto de la de la Revolución; y así podemos seguir enumerando ejemplos por toda la historia mundial.

    Sintetizando, desde la formación de las primeras sociedades complejas allá por el año 6000 aC, sociedades con modos de producción y reproducción esencialmente urbanos (o mejor dicho, con ojos actuales, protourbanas ya que convivían las actividades rurales con las artesanales en los poblados), el requisito para “pertenecer” a la sociedad (o la ciudad, no olvidemos que el origen del término “ciudadano” es del romano “cives”, el hombre con derechos plenos que habitaba la ciudad, a diferencia de los esclavos y bárbaros -extranjeros- que primordialmente poblaban las áreas no controladas por las ciudades) era aquel que se sometía a la voluntad del gobernante y contribuía al mismo con tributos en bienes o servicios a cambio de su libertad, y desde entonces esta concepción básica no ha variado demasiado. De allí nace todo un sistema de derechos a los que pueden acceder quienes cumplen determinadas obligaciones impuestas por el gobernante, y de castigos para quienes no las cumplen, y para controlar y administrar las contribuciones y castigos se crea un aparato estatal. Lo que va variando de acuerdo a los sistemas políticos son los distintos derechos a los que se puede acceder, las obligaciones a cumplir, o los castigos por no cumplirlas, y de acuerdo a ello se va conformando el orden moral, jurídico y sociopolítico que diferencia a los distintos modelos de ciudadanía entre sí, lo que ademas se refleja en las distintas formas de organizar del Estado.

    Por lo tanto se puede colegir que la definición de lo que significa una buena ciudadanía está ligado a una construcción que va de arriba para abajo, y no de abajo hacia arriba, y por ello algunos comportamientos sociales varían en función del gobierno que se tenga.

    Ojalá en algún momento se puedan construir los sistemas de valores de abajo hacia arriba, y determinar los gobiernos también en ese sentido, pues ello sería vivir una verdadera democracia, pero para eso aún falta bastante, todavía persiste en la clase ilustrada la idea del modelo de sociedad propuesta por Platón, en donde un grupo de iluminados mantiene un gobierno de tipo aristocrático -los Sabios o Filósofos- ayudándose con una clase privilegiada que sostiene su poder -los Guardianes-, y ambos mantenidos por el trabajo de la clase más baja -la Plebe-, la que no tiene ningún poder de decisión en este esquema. Tal división social era tan estricta en la idea platónica que incluso los Guardianes deberían ser manipulados para que su descendencia pueda ser mejorada genéticamente tal y como se lo hacía cruzando animales de raza (Platón dixit), y de ninguna forma mezclarse con la plebe. Y mucho de esto lamentablemente se puede constatar a diario en el ideal de muchas de las actuales clases gobernantes, así que si queremos debatir que significa ser ciudadano y, aún más, ser un buen ciudadano, aquí tenemos un interesante punto de partida para el debate.

    Saludos. Ernesto

  2. Como siempre, debatir con vos es, a la vez, un gusto y un desafío. Un gusto, porque lo considero un verdadero aprendizaje; y un desafío, porque me obliga a entrar en aguas desconocidas e investigar para responderte. Pero bueno, a los hechos. Podemos afirmar que el concepto moderno de la ciudadanía nace en la antigua Roma, y es el que, con algunos detalles, tenemos hoy en día. Pero mi propuesta va hacia esta tan mentada acción ciudadana, que reza que la sumatoria de las acciones individuales puede generar cambios en las sociedades.

    Esa, mí estimado, es una verdad a medias.

    Y no, no es una contradicción a lo que planteo, si no que trato, dentro de lo posible, calibrar su alcance.

    El 9 de noviembre de 1989, el pueblo de Berlín Oriental se acerco, masivamente, a su infame muro, y lo derribó con sus propias manos. Acto emotivo y heroico, si los hubo. Pero, y sin desmerecerlo, me pregunto qué habría pasado si hubieran querido hacer los mismo en 1974? ó 1982? Otro ejemplo es el cuidado del medioambiente. Uno puede separar residuos, reciclarlos, reutilizarlos, utilizar responsablemente las fuentes de energía y plantar árboles. Y luego aparece un Bolsonaro, te disuelve el INPE, le suelta la rienda a sus amigos hacendados para que apliquen la tierra arrasada en el Amazonas, y tenemos una postal del Apocalipsis, por mas material reciclado que hayas usado.
    Y, aquí, el meollo de la cuestión. Como permitimos que estos personajes lleguen a los gobiernos? Obviamente, no hay respuestas simples, y cada caso (Salvini, Trump, Orban, Duterte, etc.) tiene sus particularidades.

    Pero, hagamos el intento.

    Será porque la población es ignorante o analfabeta? No creo, puede ser en países del Tercer Mundo, pero en otros, tenemos niveles de alfabetización elevados, con estudios secundarios completos, y terciarios sin terminar o cumplidos. Incluso, en países del Tercer Mundo tenemos altas tasas de alfabetización.

    Entonces no, la ignorancia no explica, al menos totalmente, este fenómeno.

    Estos líderes, que juegan al límite de la Democracia, lo pueden hacer gracias al blindaje que les proporcionan los grandes medios de comunicación? No es un hecho menor, estos medios manejan de forma casi monopólica, el flujo y contenido de la información, fijando la agenda de la ciudadanía y de los gobiernos, incluso en contra de los intereses de la población. A esto se suma el manejo de las redes sociales que amplifican, como si estor fuera todavía posible, este mismo mensaje. Esta sería una buena explicación, pero tampoco me alcanza. Aunque estos medios tienen una posición predominante, no es monopólica, y existen fuentes y medios alternativos disponibles, literalmente, al alcance de la mano, desde cualquier dispositivo móvil. Incluso, los más económicos.

    Tampoco sería la falta de información el problema

    Puede ser que personajes, como Banon o Duran Barba, hayan descubierto como manipular las pulsiones básicas que existen en toda sociedad, haciendo de que las ideas mas cavernarias y retrógradas, se establezcan en el sentido común o, a los sumo, como opiniones válidas? Estamos en la era de la posverdad (palabra novedosa para las mentiras de siempre), y que queramos responder a preguntas difíciles con simplificaciones, o busquemos chivos expiatorios, en vez de resolver problemas, cada vez mas complejos, con soluciones difíciles y sin garantía de éxito, explicarían este fenómeno? Puede, pero por un tiempo. Más temprano que tarde, las sociedades se despiertan de esa borrachera, y cuando se recuperan de la resaca, no suelen ser piadosas con los personajes que las llevaron a esa situación.

    Ninguna de estas hipótesis, por si solas, pueden explicar este fenómeno. O quizás, como en el Asesinato del Orient Express, cada una aporta su puñalada.

    Pero no puedo evitar pensar que algo me está faltando, y no alcanzo a visualizarlo
    .
    Hace poco, en un grupo que participo, tiraron la propuesta de lo que se podría hacer cuando este gobierno, si es voluntad del pueblo, termine. Y, lógicamente, se plantearon las expectativas que todos tenemos, mas todavía, luego de haber pasado momentos difíciles. Lo cual es perfectamente comprensible. Fue entonces cuando me plantee la pregunta de cómo se llega a esta situación? Porque ponemos tantas expectativas en los liderazgos, para que resuelva nuestros problemas?
    Desde ya que es comprensible que las sociedades demanden eso de sus dirigentes, y todas las sociedades tienen cierto grado de paternalismo, inclusive, con dirigencias que no confían o las han defraudado.
    Entonces trato de razonar algunas ideas o propuestas, y es algo también que también pones en tu respuesta. Que la verdadera Democracia es de abajo hacia arriba, que se puede esperar mucho de los dirigentes, pero que estos deben ser acompañados, y censurados, cuando corresponda. Y que esto debe hacerlo una Ciudadanía que cumpla sus obligaciones y ejerza sus derechos con responsabilidad. Que es cierto, el concepto de buen ciudadano varía según el tiempo y las circunstancias, pero que hay valores y conductas que traspasan esos límites y perduran.

    Y esa es mi premisa, es la de buscar algún tipo de guía, para avanzar por un camino sinuoso y difícil. Utilizar la razón, para enfrentar nuestros problemas, en vez de racionalizar nuestras pasiones.

    Porque creo que, esencialmente, es el problema de las sociedades modernas. Actuamos en base a nuestras pasiones, prejuicios y expectativas, y respaldamos a un sistema, que va mas allá de lo político, y a los líderes que nos den la apariencia de que las satisfacen. Y estas, casi nunca, responden a nuestras necesidades reales. La idea, pretensiosa y quijotesca si la hay, es anteponer la razón a las pasiones. La de utilizar las herramientas, que están al alcance de la mano, para tomar decisiones con raciocinio, y tomar el riesgo de equivocarnos pero, al menos, tendremos el aliciente de haber analizado nuestras acciones.

    Será un camino difícil, complejo, lleno de sinsabores, fracasos y frustraciones. Pero no se me ocurre otro.

    Saludos

    PD: Dios mío!! Parece que a Platón se le daba por mucho filosofar, pero poco por sofar!! Por suerte, a Patricios y Plebeyos se les daba por revolcarse (débil es la carne!!) y, aunque no siempre de forma equilibrada, la cama ha sido un medio de asenso social. Incluso hoy en día, por fortuna para las clases acomodadas, dado que las prácticas endogámicas, no dan buenos resultados.

  3. Estimado Diego, sabés que el gusto de debatir contigo es mío pues siempre planteás cosas que me hacen profundizar lo que digo, y a veces eso me obliga a replantear lo que pienso pues en muchas cosas usualmente uno se maneja con conceptos que no puesto a revisión en mucho tiempo, o directamente con preconceptos, y por eso es tan interesante y necesario debatir para salir de la zona de confort que uno mismo se va construyendo. Pero terminemos con los elogios y pasemos al contenido, que lo que has planteado da para abordar demasiadas cuestiones de muy diversa índole, por lo cual ahora tocaré solo algunas.

    El concepto moderno de ciudadanía es mucho más antiguo que el de la Roma clásica. Si lo que llega hasta nosotros en esta parte del mundo son las bases del derecho romano, pero poco o nada cambia este el origen conceptual del término, que refiere al habitante de la ciudad con derechos plenos. Recordemos que hasta hace relativamente poco tiempo, unos pocos siglos en los cuales surge la idea del Estado-Nación, la organización política estaba dada por ciudades-estado o por reinos que se basaban en la unión de varias de ellas comprendidas en las tierras del señor y sus nobles, y en ellas el soberano siempre ha marcado las reglas y pautas a las que los habitantes debían ceñirse para no ser castigados o expulsados y gozar de ciertos derechos. Si bien el Código de Hammurabi data de unos 1700 años aC,, como dije anteriormente ya las primeras sociedades complejas datan de 6000 años aC, y en ellas seguramente existirían normas orales por las cuales se determinaban y reglaban las conductas de sus ciudadanos. Por los avances en los estudios de esa época, la convivencia en poblados pareciera ser producto de la voluntad de un líder o referente tribal de organizar una incipiente producción agrícola, y al complejizarse la matriz productiva se produjo el intercambio de productos y bienes que atraía más habitantes y hacía crecer el tamaño del poblado al de una ciudad, y para organizar la vida en la misma debieron instituirse normas de comportamiento y una estructura -el Estado- que las impusiera. De esta practica proviene la noción de Estado y la de ciudadanía, que son inseparables.

    A esta altura no me caben dudas que la caída del Muro de Berlín no fue un fenómeno gestado desde las bases, sino desde las mismas cúpulas gobernantes. Lo que hubiera pasado en 1974 o en 1982 sería lo mismo que si en 1989 la URSS no hubiera tenido a una cúpula dispuesta a hacer añicos a esa Unión en su entente con la dirigencia occidental, a nadie se le hubiera ocurrido hacer una manifestación en cercanías del Muro porque ello era jugar con fuego, pero en este caso con el de armas nucleares. Si se la permitió y se la alentó fue porque era el hecho que Gorbachov y la mafia enquistada en la dirigencia soviética necesitaban esta acción simbólica para disolver la URSS y quedarse con la mayor parte de los bienes del Estado soviético, pues desde ningún punto de vista existía necesidad alguna de hacerlo, por más que se invoquen erróneamente desde las fuentes occidentales una falsa derrota en Afganistán (con una desmovilización extraña que llega en momentos en los que la mayor parte del territorio estaba en poder del gobierno afgano y de las tropas soviéticas, de hecho al retirarse las últimas tropas de la URSS en 1989 la lucha prosigue hasta 1992, aún con los muyahidines intensamente apoyados y pertrechados por los EEUU); una crisis económica o de productividad industrial que no era tal; conflictividad social en aumento; la imposibilidad de competir con los EEUU en una carrera armamentísta espacial; o toda una serie de razones que los hechos desmienten, dado que en esa época la URSS estaba en su apogeo económico, tecnológico, industrial, militar y también político, sobrepasando en muchos aspectos a los EEUU, tal como lo demuestran los mismos informes de la CIA o del Departamento de Estado de la época. La disolución de la URSS tuvo que ver con la corrupción de una mafia enquistada en el poder que hoy detenta la propiedad de sus principales empresas, y a las que sus actuales líderes no son ajenos, y fue permitida porque nadie se quiso quedar sin su tajada en el reparto del botín, recordemos que las acciones de las empresas públicas fueron repartidas entre toda la población, pero en el contexto de una súbita crisis económica y alimentaria, por el cual la mayor parte de los habitantes las terminó canjeando por poco dinero o por comida a las organizaciones mafiosas que luego se quedaron con el control de las empresas a través de estas acciones, disminuyendo a partir de allí las condiciones de vida y de seguridad social del pueblo de la URSS, y posibilitando con ello que en occidente pase lo propio con la paulatina caída del concepto de Estado de Bienestar, todo ello bajo los engañosos cantos de Fin de la Historia de Fukuyama.

    Por lo demás, los personajes que referís llegan a gobernar por una simple cuestión: porque representan -al igual que Gorbachov- el canto de sirenas de una oposición al sistema que en realidad no es tal. El caso de cada país es diferente, pero el común denominador de esos políticos es presentarse como muy diferentes a los gobiernos anteriores, aun cuando -como Orban- se sucedan a ellos mismos. Y no es fácil en el menú encontrar propuestas serías que impliquen un cambio de rumbo deseable y medianamente tranquilo, hoy para poder ser candidato nacional se necesitan decenas de millones de dólares, y ello implica que son las grandes corporaciones empresariales y no el pueblo quien pone a los candidatos que, una vez electos, deben devolver favores. Esta devolución de gentilezas implica transferir al sector del capital concentrado recursos que de otra forma serían aplicados a resolver problemáticas sociales o mejorar la competitividad económica, y de esa forma se cae en un círculo vicioso del cual es muy difícil salir. A veces de entre los mismos sectores gobernantes puede aparecer un cisne negro, como lo fueron los casos de Perón o los Kirchner en nuestro país, pero rápidamente el sistema se organiza para que estas experiencias no puedan volver a repetirse, aunque queda a nivel popular la marca de tales gobiernos que implican condiciones mínimas de acción a los futuros candidatos.

    Por ello la acción del pueblo es tan importante, a mi entender fundamental más allá de cualquier dirigente o líder. Si el mismo pueblo que apoyó a Yeltsin en su momento después no lo hubiera repudiado al hacer efectos sus medidas, seguramente la dupla Putin-Medvedev hubiera hecho un tipo de gobierno pensando solo en la oligarquía rusa y aumentando aún más las penurias populares; sin el hastío social causado por un Menem seguido de un gorila estúpido como de la Rúa tal vez Duhalde y Kirchner no hubieran tomado muchas de las medidas que tomaron, y que años antes ni por asomo hubieran adoptado; sin el descalabro que el Pacto de Punto Fijo hizo en la sociedad venezolana tras el Caracazo, no hubiera sido posible un Chávez, y sin la previa existencia de un Chávez sumado a una oposición patética, un Maduro duraría solo instantes, por poner ejemplos para varios gustos y colores.

    Es el pueblo quien pone los límites a los gobiernos, por más que los gobiernos detenten el poder de legislar y de usar la fuerza pública para cumplir sus designios, existe una relación dialéctica de tipo hegeliana entre ambos, no solo dialéctico por diálogo e intercambio sino también por lucha y tensión. Pero los tiempos de los pueblos son largos, y cuando no hay visión colectiva del bien común el resultado es el exilio y no la rebelión. El exilio es la búsqueda del bien individual y no del colectivo, y por la Tragedia de los Comunes sabemos de sobra que el beneficio individual de algunos no significa el de todos, sino más bien lo contrario. No creo que la sumatoria de acciones individuales pueda torcer el rumbo de un gobierno porque para ello se necesita una cierta masa crítica, y eso conlleva una meta común y una organización bien aceitada y diseñada, y para eso es fundamental el rol de los partidos políticos, entidades sobre las cuales el sistema ha puesto el ojo para hacerlas desaparecer de la escena política. Sin partidos políticos no hay canales orgánicos y dedicados de expresión de la ciudadanía que puedan efectivamente canalizar en acciones políticas comunes a la demanda social, pero para ello los partidos deben estar involucrados íntimamente con sus militantes y adherentes, pues de lo contrario serán -como hoy son- estructuras sin contenido.

    Y todo esto es válido hasta que los pueblos decidan ocuparse de su destino sin delegar -más por comodidad y costumbre que por otra cosa- esa cuestión en alguien más. Una democracia en serio implica mucho mas que votar cada 2 años para elegir gente de un menú restringido que decida por nosotros, implica una participación activa en todos los temas trascendentes, no solamente haciendo masa en las movilizaciones sino fundamentalmente escribiendo, reclamando, pensando, discutiendo, difundiendo, proponiendo y varias de las cuestiones que hacemos aquí mientras podemos. Ahí son válidas las premisas que enunciás en la nota, pero esa es una construcción que debe hacerse a pesar de la organización de gobierno actual, del orden social y jurídico instituido, y de la misma noción de ciudadanía concebida desde arriba hacia abajo. Es decir, es una construcción que más que transformadora puede ser catalogada como subversiva, ya que está destinada a alterar el orden establecido, y por ende afectar a los intereses de la clase dirigente. Por ello ningún gobernante cree en a democracia real, todos los países que se autoproclaman democráticos solo sostienen sistemas de democracia formal, con una participación popular muy limitada. De hecho en naciones como los EEUU desde la caída del muro de Berlín -y aún más después del 2001- las garantías democráticas están siendo suprimidas a pasos agigantados, así como se restringen cada vez más los canales de participación y de decisión sobre las medidas de gobierno, y Argentina no es ajena a este fenómeno, por el contrario es un país en el cual el control gubernamental sobre los actos privados más ha crecido en los últimos tiempos, sea por la acción de gobierno o de los mismos colectivos sociales pseudoprogresistas que pretenden institucionalizar cuestiones de la vida privada (relaciones de pareja, identidad sexual, manifestación de determinadas ideas, etc.) tal como lo harían los regímenes totalitarios, con argumentos tomados de Michel Foucault que derivan en acciones y leyes que parecen elaboradas por los nazis y que nada tienen que envidiarle al 1984 de Orwell o al Farenheit 451 de Bradbury.

    El tema da para mucho mas, por el momento dejemoslo aquí para ir mascullando ideas.

    Saludos. Ernesto

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